Qué es el EMDR y cómo puede ayudarte a superar un trauma
Descubre qué es la terapia EMDR, cómo funciona y por qué es una de las técnicas más eficaces para sanar heridas del pasado. Guía por la psicóloga Angie Sánchez.
Por Angie Sánchez Actualizado el

¿Hay algo del pasado que, aunque sabes racionalmente que ya terminó, sigue afectándote como si estuviera ocurriendo ahora mismo? Un recuerdo que te acelera el corazón, una situación que te paraliza sin motivo aparente, una reacción que te parece "desproporcionada" pero que no puedes controlar. Si te sientes identificado/a, es posible que una parte de esa experiencia siga "sin procesar" en tu sistema nervioso.
En Hogar Terapéutico, el EMDR es una de las herramientas que más utilizo precisamente para esto: para ayudarte a que esos recuerdos dejen de tener el mismo peso emocional sobre tu presente.
¿Qué es el EMDR?
EMDR son las siglas en inglés de Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares (Eye Movement Desensitization and Reprocessing). Es un abordaje psicoterapéutico desarrollado específicamente para el tratamiento del trauma, recomendado por la Organización Mundial de la Salud para el trastorno de estrés postraumático. En sus directrices sobre salud mental tras un trauma, la OMS lo sitúa junto a la terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma como abordaje a considerar en personas con TEPT.
A diferencia de otras terapias que se apoyan casi exclusivamente en hablar, el EMDR utiliza la estimulación bilateral (normalmente, movimientos oculares guiados de lado a lado) mientras trabajamos con un recuerdo concreto. Esto no es casualidad: está basado en cómo tu cerebro procesa de forma natural las experiencias mientras duermes, durante la fase REM.
¿Cómo funciona? La ciencia detrás de la terapia
Cuando vives una experiencia normal, tu cerebro la procesa y la "archiva" como un recuerdo del pasado: puedes pensar en ella sin que te desborde. Pero cuando la experiencia es demasiado intensa o dolorosa, ese proceso natural de archivo se bloquea. El recuerdo se queda "atascado" en tu sistema nervioso con toda su carga original: las imágenes, las sensaciones físicas, las emociones y las creencias negativas que se formaron en ese momento ("no valgo nada", "no estoy a salvo", "es culpa mía").
Por eso, aunque hayan pasado años, algo tan simple como un olor, un tono de voz o una situación parecida puede "activar" ese recuerdo mal archivado y hacerte sentir como si estuvieras reviviéndolo. Esa activación sostenida del sistema nervioso es también la que está detrás de muchos síntomas de ansiedad: el cuerpo sigue respondiendo a un peligro que ya pasó.
La estimulación bilateral del EMDR ayuda a tu cerebro a retomar ese proceso de archivo que se quedó a medias. Poco a poco, el recuerdo se va integrando: sigue existiendo, sigues sabiendo que ocurrió, pero deja de tener ese "gancho" emocional que te secuestra el presente.
¿Para qué tipo de experiencias funciona el EMDR?
Cuando hablamos de trauma, solemos pensar solo en grandes catástrofes. Pero en terapia distinguimos entre dos tipos de heridas, y el EMDR funciona para ambas.
Traumas con "T" mayúscula
Son los eventos que identificamos claramente como traumáticos:
- Accidentes graves.
- Abusos físicos, psicológicos o sexuales.
- Pérdidas repentinas de seres queridos.
- Catástrofes naturales o violencia.
- Diagnósticos médicos graves.
Traumas con "t" minúscula
Son experiencias que, de forma aislada, pueden parecer "menores", pero que acumuladas a lo largo del tiempo dejan una huella profunda:
- Humillaciones repetidas en la infancia o adolescencia.
- Rechazo o falta de validación emocional por parte de figuras importantes.
- Bullying o exclusión social.
- Relaciones donde te sentiste constantemente juzgado/a o poco querido/a.
- Heridas de apego que hoy se traducen en miedo al abandono o baja autoestima.
¿Reconoces alguna de estas experiencias en tu historia? No hace falta que "sea grave" para merecer ser trabajado. Si sientes que algo del pasado sigue condicionando tu presente, una primera sesión puede ayudarte a entender por dónde empezar.
Qué esperar en una sesión de EMDR
Es normal sentir cierta aprensión ante algo que suena tan distinto a "simplemente hablar". Por eso, aquí tienes una idea de cómo se estructura el proceso, para que llegues con más tranquilidad. El protocolo estándar de EMDR tiene ocho fases; lo que sigue es un resumen de lo que vas a notar tú:
- Fase de preparación: Antes de tocar ningún recuerdo doloroso, dedicamos el tiempo necesario a construir un vínculo de confianza y a dotarte de recursos de estabilización y calma que puedas usar dentro y fuera de sesión.
- Identificación del recuerdo diana: Identificamos juntos el recuerdo específico sobre el que vamos a trabajar, así como las creencias negativas asociadas a él.
- Reprocesamiento: Mientras mantienes el recuerdo en mente, realizamos la estimulación bilateral en tandas cortas, haciendo pausas para que me cuentes qué va apareciendo: imágenes, sensaciones, pensamientos nuevos.
- Instalación e integración: Poco a poco, sustituimos la creencia negativa original por una más adaptativa y realista ("aquello ocurrió, pero ya pasó y ahora estoy a salvo").
- Cierre: Cada sesión termina asegurándonos de que te vas en un estado de calma, tengamos o no el proceso completamente terminado.
Tú tienes el control en todo momento. Nunca se trata de revivir el trauma sin apoyo, sino de procesarlo con las herramientas y la contención adecuadas.
¿Es lo mismo que la hipnosis?
Es la pregunta que más me hacen, y la respuesta es no.
En una sesión de EMDR estás despierto/a, consciente y con el control. Recuerdas todo lo que ocurre, puedes hablar en cualquier momento y puedes parar cuando quieras. No hay sugestión, no hay un estado alterado de conciencia y no hay nadie diciéndote qué debes sentir o creer.
La confusión viene de que el EMDR trabaja con algo distinto a la conversación, y todo lo que no es "hablar" tiende a meterse en el mismo cajón. Pero el mecanismo es otro: mantener un recuerdo en mente mientras una parte de tu atención está ocupada en otra cosa, que es precisamente lo que permite acercarse a él sin que te desborde.
Hay además una diferencia que suele aliviar mucho: no tienes que contarlo todo. El EMDR no exige narrar la experiencia una y otra vez en voz alta. Necesito saber lo suficiente para trabajar, no cada detalle. Buena parte del reprocesamiento ocurre en silencio, con las pausas justas para que me digas qué va apareciendo.
¿Funciona el EMDR por videollamada?
Es una pregunta razonable: si el EMDR usa movimientos oculares guiados, ¿qué pasa cuando la terapeuta está al otro lado de una pantalla?
En la práctica, la estimulación bilateral se adapta bien al formato online. Puede hacerse siguiendo el movimiento en la propia pantalla, con sonido alterno en auriculares, o con estimulación táctil que aplicas tú mismo/a alternando ambos lados del cuerpo. La lógica de fondo no cambia.
Sobre la evidencia, prefiero ser precisa en lugar de rotunda. Una revisión sistemática publicada en 2024 recogió dieciséis estudios con 1.231 participantes y encontró resultados prometedores en la reducción de síntomas de estrés postraumático, ansiedad y depresión. Sus propios autores señalan las limitaciones del conjunto: muestras pequeñas, pocos grupos de control y demasiada dependencia de cuestionarios autoinformados.
Traducido: los indicios apuntan claramente en una dirección, y aún no hay la misma montaña de datos que respalda al EMDR presencial. Me parece más honesto decírtelo así que venderte una certeza que la literatura todavía no da.
Lo que sí puedo afirmar sin matices es lo de siempre en trauma: la preparación importa más que la técnica. Antes de tocar ningún recuerdo, hace falta que tengas recursos para regularte y un vínculo donde sostenerte. Eso es igual de exigible por videollamada que en un despacho.
Cuántas sesiones hacen falta
No hay una cifra, y desconfía de quien te la dé antes de conocerte. Pero sí hay un factor que marca la diferencia más que ningún otro: si hablamos de un hecho puntual o de algo que se repitió en el tiempo.
Un recuerdo único y bien delimitado —un accidente, una intervención médica, una agresión concreta— suele necesitar bastantes menos sesiones que una historia de humillaciones acumuladas durante años o de heridas de apego que empezaron en la infancia. En el segundo caso no hay un recuerdo que procesar, hay una red de ellos, y el trabajo es más largo por definición.
Lo que sí puedes hacer en cualquier momento es preguntar por dónde vamos. Es una pregunta legítima y debería tener una respuesta concreta.
EMDR y terapia integradora: por qué lo combino con otras herramientas
El EMDR es extraordinariamente eficaz para trabajar recuerdos específicos, pero las personas somos más que una suma de eventos aislados. Por eso mi enfoque es integrador: combino el EMDR con otras herramientas psicoterapéuticas según lo que tú necesites en cada momento, para que también podamos trabajar patrones de pensamiento, gestión emocional del día a día o la relación contigo mismo/a.
Da el primer paso hacia sanar de verdad
Cargar con heridas del pasado no es una cuestión de "fuerza de voluntad" ni de "pasar página" sin más. A veces, tu sistema nervioso necesita ayuda profesional para terminar un proceso que se quedó a medias. Si dudas de si lo que te pasa justifica pedir esa ayuda, lo desarrollo aquí: cómo saber si necesitas ir al psicólogo.
Tengo la Formación Básica en EMDR (Nivel I) del Instituto Español de EMDR, cuyos certificados siguen los estándares de EMDR Europe, y la aplico dentro de un enfoque integrador. Mi trabajo es acompañarte en el proceso de:
- Identificar qué recuerdos o patrones siguen influyendo en tu presente sin que lo notes.
- Procesar esas experiencias de forma segura y a tu ritmo.
- Liberarte del peso emocional de esos recuerdos, sin necesidad de repasarlos una y otra vez hablando.
- Construir una relación contigo mismo/a basada en la confianza, no en las heridas del pasado.
Si sientes que ha llegado el momento de sanar desde la raíz, reserva tu primera sesión por 35€. Estoy aquí para acompañarte en cada paso del camino.
